En Duggan, un pueblo a aproximadamente 130 kilómetros de Buenos Aires cerca de San Antonio de Areco, lugar famoso por sus haras de caballos, se encuentra la parrilla Rancho “El Tata”.
En medio de una paisaje majestuoso, apacible y amable, en plena llanura verdosa por las lluvias veraniegas, se alza un acogedor restaurante sin pretensiones, pero de una calidad excepcional. Iris, vestida con su delantal negro y regalándonos su inagotable sonrisa, nos recibe con los brazos abiertos y con un encanto que encuentras en pocos lugares. La joven Ivana, un tanto más tímida, pero no menos agradable, nos saluda con entusiasmo y nos toma nota de lo que vamos a beber y a comer. Empanadas, asado, papas fritas, ensalada y postres caseros son la base de una comida agradable en un comedor simple y auténtico. Mesas y sillas de madera, cortinas de cuadros rojos y blancos y ventanas que dejan adivinar el paisaje que rodea la parrilla, componen la sala bendecida por un hilo musical que fusiona tango y flamenco. Las paredes están llenas de cuadros y fotografías con cada una su pequeña historia del mundo del caballo. La mirada franca de Iris me conquista y la soledad del parrillero Carlitos me atrae profundamente…
