El universo de Reinata está escondido. Y sorprende que lo esté. A pesar de ser una gran artista, profundamente valorada en Mozambique y reconocida también a nivel internacional, su atelier permanece casi oculto, sin una señal que indique cómo llegar hasta él. Tal vez sea precisamente eso lo que lo hace tan especial: la sensación de estar descubriendo una joya secreta, un lugar poco accesible que, al cruzar la puerta, se convierte en un universo único con nombre y apellido: Reinata Sadimba. En una habitación de apenas unos metros cuadrados, dentro de un viejo edificio casi imperceptible en el jardín del Museo de Historia Natural de Maputo, su arte se mantiene vivo desde el año 1992, cuando Augusto Cabral, el director del museo, le concedió este espacio para trabajar.

De lunes a viernes, esta escultora mozambiqueña de la etnia Makonde, nacida en 1945 en la aldea de Homba, en Cabo Delgado, se instala en su silla verde de plástico para dar rienda suelta a su imaginación. Allí crea obras únicas, cargadas de historias, emociones y sensibilidad, que representan, entre otras cosas, el sistema matrilineal de su etnia. La singularidad y emotividad de sus piezas que combinan lo realista y lo abstracto son incontestables. También lo es su pasión por lo que hace, algo que se refleja en su constancia, ya que Reinata nunca falta a su cita diaria con la inspiración.

Custodiada por sus nueras, Rita y Patricia, como una obra de arte más entre las que están expuestas en su atelier, Reinata entra en una burbuja cuando trabaja. En ella solo existen sus manos, la arcilla y su creatividad infinita. Las estanterías repletas de sus valiosas esculturas conviven con el polvo, las herramientas para esculpir, los enchufes viejos y las paredes sucias, marcadas por el paso del tiempo y por incontables horas de trabajo y dedicación. Todo se ha ido incrustando poco a poco en el escenario, creando un universo que le pertenece solo a ella.

En su atelier se respira una fuerte carga emocional, marcada por una vida de lucha junto al FRELIMO, el partido que lideró la independencia de Mozambique, y por el sufrimiento nacido de la pérdida de siete hijos.

Reinata me acoge en su universo para inmortalizarlo con mi cámara. Está totalmente inmersa en su trabajo y no levanta la mirada ni un instante. Con la tapa de un bolígrafo Bic azul remata los detalles de una pequeña creación y, cuando termina, me pide, señalando con la mano y balbuceando alguna palabra en makonde, que le pase uno de sus utensilios para continuar dando forma a una pareja de bailarines.